Jorge G. Solís: Desgobierno y Caos, grave impacto en la economía


El panorama económico del país se torna cada vez más sombrío. Si bien es cierto, un componente son los choques externos; sin embargo, la mayor implicancia es consecuencia del desgobierno y el caos. Días atrás, leía una entrevista a la economista Liliana Rojas Suarez, investigadora principal en el Center for Global Development de Washington DC, publicada en el Diario Gestión, dicha institución estudia el desarrollo de la economía de los países a nivel mundial. La apreciación de la experta grafica cómo ven desde fuera el desempeño de la economía peruana en el escenario global.

Señalaba, que la institucionalidad en el Perú se viene debilitando cada vez más, lo cual es el mayor riesgo que tiene la economía frente a los choques de oferta internacional, lo más dramático es cuando hace referencia a un indicador que clasifica a 30 países emergentes por su naturaleza macroeconómica, muestra a Perú en el cuarto lugar, acota, que si le agregamos a esto, factores institucionales que tienen que ver con la baja capacidad de recaudar impuestos, la informalidad de la economía, el imperio de la ley, entre otros, Perú baja impresionantemente y se coloca en los últimos lugares.

Como si esto fuera poco, sentencia “No hay optimismo con las perspectivas de crecimiento en el Perú”. De otro lado, Rojas Suarez señala una verdad de Perogrullo “La economía crece cuando hay inversión y demanda agregada favorable, y demanda externa positiva”. Este gobierno que ignora los fundamentos que impulsan el desarrollo de la economía, hace exactamente lo contrario, desalentando las inversiones con un discurso y medidas trasnochadas que están llevando al país a la estagnación.

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Pero como la pita se rompe siempre por el lado más débil, los que pagan el mayor costo de la factura son los pobres a quienes dicen defender. Veamos, el rango de consumo en los hogares urbanos de los niveles socioeconómicos más bajos, está reduciendo sus gastos con gran déficit en la adquisición de los productos básicos de su canasta alimentaria; el empleo se viene precarizando, la informalidad se ha incrementado alarmantemente, los índices de pobreza se han profundizado en 10 puntos, contexto que nos torna en un país cuasi inviable.

Cunde el pánico, el mercado está en una situación de estrés, los agentes económicos en un estado catatónico, mientras el gobierno factor de incertidumbre e inestabilidad, marcha a contra corriente, insiste en una nueva Constitución, y en modelos económicos esperpénticos. Carece de respuestas frente a la situación que estamos viviendo, la minería paralizada, la respuesta a la crisis alimentaria que amenaza al globo es tardía y plagada de corrupción, la inversión privada decrece.

A decir de Julio Velarde, presidente del BCR, la inflación volverá a su rango meta a partir del segundo semestre del año 2023, lo que significa que el pollo, los fideos, el pan de cada día, el aceite y otros productos no volverán a la mesa de las mayorías, contexto que incidirá en los niveles de pobreza y extrema pobreza. La salida es un golpe de timón y un buen timonel.

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