Calles rotas: ¿Por qué aumentan las obras públicas en años electorales?

Calles rotas: ¿Por qué aumentan las obras públicas en años electorales?



Un año electoral, sobre todo si hablamos de las Elecciones Regionales y Municipales 2022, es fácilmente reconocible no solo por las campañas electorales que los candidatos suelen realizar, sino también por el aumento de obras públicas que los municipios ejecutan no solo en Lima, sino en varias ciudades del Perú.

¿Es más que una impresión? Un momento del año en el que las obras públicas abundan es durante los últimos meses del mismo. Este límite incluso se adelanta unos meses si nos encontramos en un año electoral. Más allá de que las calles rotas coincidan con eventuales comicios, «las obras públicas de último minuto, sobre todo realizadas durante un año electoral, sugieren desorganización, incapacidad de gestión y son problemáticas», sostiene Alonso Villarán profesor de ética de la Universidad del Pacífico.

En el contexto de las Elecciones Regionales y Municipales 2022, o de cualquier evento electoral, «las probabilidades de que las obras sean de buena calidad son menores, pues se hacen apresuradamente y, en más de un caso, solo con motivaciones políticas. Hay también más probabilidades de que las obras involucren corrupción, por lo mismo que son hechas con prisa. E incluso si son de calidad y honestas, estas obras generan malestar entre los ciudadanos, porque el tráfico, que ya es pésimo, empeora», agrega el especialista.

Los políticos y su último año como autoridad

El componente de gestión pública no puede dejar de lado el análisis político, esa intención de una autoridad municipal (que por lo general postulará a un nuevo cargo mayor o tentará la reelección) por dejar huella, trascender. Para el periodista Fernando Vivas la razón por la que los municipios dejan sus obras para última hora tiene que ver con una mezcla entre dejar los mayores esfuerzos para el final y haber luchado contra los numerosos trámites que se tienen que hacer para sacar una obra adelante.

«Hay muchas razones que explican este ‘panorama lunar’ de huecos y cráteres, que es más común verlo hacia fines de año y de gestión. ¿Qué pasa por la cabeza de una autoridad peruana en los últimos años de su gestión? Si esta pregunta se respondía tiempo atrás hablaríamos de cosas mucho más nobles y grandiosas: de dejar una huella imperecedera, del honor, de su familia, de su partido… pero ahora algo que pasa por la cabeza de muchas autoridades es eso, combinado con un miedo a que el futuro no sea el de alguien que deba defenderse de juicios y controversias», sostiene el analista político.

«Una autoridad que defiende su mandato quiere decir ‘no tengo juicios, no tengo que andar peleándome en los tribunales con la cabeza gacha’. Eso es fundamental, manifiesta Vivas, quien agrega —además— que algunas pistas y veredas rotas no se deben a obras planificadas por los alcaldes, sino a empresas de gas, de iluminación, de teléfono, que están pasando cables subterráneos, entre otras. «Aquí los alcaldes simplemente son meras autoridades que dan el permiso, y esto también suele confluir hacia fin de año».

Las obras experimentan un retraso y se dejan para último momento (entiéndase el último año de mandato, que coincide con el año electoral), entre otra cosas con el intento de los políticos por no ser enjuiciados después de ser alcaldes. Ejemplos hay varios, a decir de Fernando Vivas: «un alcalde que gozó de una infinita popularidad, como Luis Castañeda Lossio terminó y murió en la controversia; Susana Villarán es un cadáver político; Jorge Muñoz acabado antes de tiempo… qué triste. Son muy pocos los alcaldes que tienen una extraordinaria recordación».

Es muy difícil —finaliza Fernando Vivas— en el país de la desconfianza y de las razones para ser desconfiado, que un político, en su último año de gestión, solo piense en la trascendencia y no en el miedo a no ser perseguido por juicios y controversias al final de su mandato. 

Desorganización municipal

Toda entidad pública tiene la programación de su cartera de proyectos, donde está priorizada la ejecución de obras. «Lo que ocurre es que, como vemos todos los años, no cumplen con el cien por ciento de las metas que tienen planificado ejecutar», sostiene la especialista en gestión pública Karla Gaviño. Ella agrega que el orden de los proyectos incluso está estipulado, pero «lo que ocurre es que normalmente las entidades públicas no cumplen con el cien por ciento de las metas que tienen proyectado ejecutar, al punto que todos los años se devuelven recursos y hay obras que pasan a los siguientes».

Esto produce que haya una acumulación de obras para el final de una gestión municipal. «hacia el final de la gestión, normalmente, vemos esta desesperación por… ni siquiera ejecutar, sino inaugurar. Entonces, como hay que inaugurar rápidamente, para ser recordado por la obra que se hace, lo que tenemos son proyectos simplistas y de corto plazo. Por lo tanto vemos que muchas veces se sacrifica calidad a costa de tener rápidamente una obra que inaugurar», agrega la profesora de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico.

El gran reto de los candidatos en las Elecciones Regionales y Municipales 2022 tiene que ver con lograr que el aparato estatal tenga la capacidad de cumplir con sus programas multianuales de inversiones, con sus cronogramas, etc. 

Las principales consecuencias para los ciudadanos son, entonces, directas: «no tener las obras necesarias para recibir los servicios que las entidades públicas deberían prestarles, y que las que se tienen no necesariamente estén acompañadas de criterios de calidad».

¿Por qué esta deficiencia en gestión pública nos acompaña desde hace años, si ya se sabe cuáles son los puntos débiles de las mismas? «Siempre nos queda un fuerte saldo de cosas que no hacemos que se traslada al año siguiente. Y cuando llegamos al último año, priorizamos lo que más rápido se puede hacer para tener un activo político en la memoria de los ciudadanos, pero lo que realmente importa es si esa obra sirve a los ciudadanos», sostiene Gaviño. Una tarea pendiente y una tara por corregir de parte de los candidatos en las próximas elecciones.

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